Prosiguiendo de algún modo la cuestión tratada en la entrada anterior sobre la negación de la astrología como ciencia, una de las razones principales que han esgrimido sus detractores es el hecho de que según las tradiciones esta disciplina trabaja a partir de dos zodiacos diferentes: el zodiaco sideral vs el zodiaco tropical. Y ello no tiene nada de baladí.
El origen de esta dicotomía radica en el movimiento de precesión de la tierra (también llamado precesión de los equinoccios), por el cual se produce un cambio gradual en la orientación de eje de rotación de la tierra. Desde un punto de vista práctico, esto genera una diferencia entre ambos zodiacos de aproximadamente 24º, lo que a su vez supone que una inmensa mayoría de personas no vean correspondido su signo en ambos zodiacos.
El zodiaco sideral es utilizado por la tradición védica y es el más antiguo de todos. Por el contrario, la astrología occidental trabaja con el zodiaco tropical. La pregunta que surge casi de inmediato es, ¿y cuál es mejor? o ¿a qué debería atenerme? Pues bien, el zodiaco sideral del que parte la astrología hindú estaría más enfocado hacia la evolución del alma, caracterizándose por su trascendencia, mientras que la astrología occidental (dentro de la cual, dicho sea de paso, también alberga distintas corrientes) tiene una connotación más psicológica y transpersonal.
Mi experiencia personal es que estas diferentes aproximaciones de la astrología no niegan la Verdad, pues la realidad que de ella se desprende conforma una suerte de prisma poliédrico que nos muestra la multiplicidad de lo que ES.
Por ejemplo, en mi caso soy Escorpio ascendente Escorpio para la astrología occidental y Libra ascendente Libra desde la óptica de la astrología védica, también conocida como Jyotish. Y todo tiene su sentido y su lugar. Más allá de las características arquetípicas de cada signo, respecto a las cuales no puede limitarse la astrología como elemento exclusivo de identificación del Yo, la verdad que encierran ambas corrientes constituye un principio de realidad respaldado por los miles de años de antigüedad de esta ciencia.
