La astrología, la ciencia proscrita

Querido lector, si estás leyendo estas líneas es porque probablemente la astrología te interese o despierte curiosidad. Pero quizás algún día tu impresión fuera otra, como la de otros muchos a quienes genera rechazo o cuanto menos indiferencia.

Estreno blog con este tema porque encaja bastante bien en mi historia personal. Hasta que la astrología llegó a mi vida a los 24 años, mi posición era de absoluto descreimiento, viendo en ella una supuesta disciplina carente de fundamento, al tiempo que me generaba un sentimiento de rechazo y de desconfianza. Qué ignorancia la mía. Afortunadamente, mi relativo escepticismo se conjuga con buenas dosis de curiosidad y espíritu crítico y, en aquel momento de mi vida se me estaban abriendo puertas de todo tipo, por lo que después de una ponencia a la que había asistido sobre física cuántica, sin saber cómo, me inscribí para que el conferenciante, que también era astrólogo, me hiciera una interpretación de mi carta astral. Digo “sin saber cómo” ya que recuerdo con absoluta nitidez el diálogo interno de gran conflicto, con mi mente criticándome por osar a tremenda estupidez al tiempo que sentía una fuerza superior e irresistible que me empujaba a hacerlo. A los pocos días, cuando me personé ante él para la sesión, no se me pasó el susto hasta pasados los primeros minutos. Pero, justo después, mi mente se despejó, me tranquilicé y me maravillé de lo que había descubierto. La conexión fue mágica e inmediata.

Hasta aquí bien podría titular la entrada de este blog como “Mi historia personal” o “Mis comienzos”. Sin embargo, sirva esta introducción para poner de manifiesto que mi sentir en aquél entonces sigue siendo la realidad de una mayoría abrumadora de personas, para quienes la astrología resulta algo extraño que podría incluirse en el mal llamado saco de las “pseudoterapias”.

No es mi ánimo en esta breve entrada hacer una exposición de cómo la astrología ha sido utilizada por tiempos inmemoriales, ya que para eso están los recursos bibliográficos y otras fuentes de investigación, pero sí para invitar a reflexionar al lector que todavía guarde escepticismo sobre esta materia, tal y como yo fui, en especial sobre las causas que “nos” han llevado (sí, a nosotros, y no a la astrología) a desconfiar tanto de una ciencia que encierra un conocimiento tan valioso para el ser humano. 

La astrología es una ciencia milenaria. Constituyó uno de los pilares fundamentales del saber de las civilizaciones antiguas. En la Europa medieval, la astrología formaba parte de las prácticas médicas habituales. Se estudiaba en la universidad. Sin embargo, hacia el S.XVII empezó a disminuir el interés por ella, siendo bastante conocida dentro del gremio  la retirada de la astrología de la universidad en Francia en 1666, dentro de un contexto de persecución y expulsión de los astrólogos en el país galo. Pero, en realidad, la astrología siempre ha permanecido como herramienta imprescindible de consulta en el seno de las jerarquías eclesiásticas y políticas. También HOY.

Los textos védicos se refieren a nuestra época actual como Kali Yuga, un período de suma ignorancia y declive de la humanidad. No es extraño por tanto que la astrología sea casi tabú y haya terminado siendo objeto de una concienzuda campaña de desprestigio y ridiculización. 

Vivimos tiempos extraños (¿y, cuándo no?), aunque acontecimientos globales como los habidos en los últimos años me han inclinado al igual que a otros muchos a pensar que los gobiernos no siempre quieren el bienestar de sus ciudadanos. Y que lo diga yo que desde muy joven he confiado en la bondad natural de las instituciones públicas y que he prestado mis servicios en el ámbito de la función pública durante muchos años tiene miga, muchísima.

Por tanto, querido lector, te animo a que si no lo has hecho ya, investigues y, sobre todo, experimentes por ti mismo. Hay verdades a cuya conclusión podemos llegar a través de la propia experimentación y otras que no y, afortunadamente, la astrología pertenece al primer grupo. La astrología no solo es una ciencia; bien encauzada, es una de las herramientas más poderosas de autoconocimiento y crecimiento espiritual. Por eso ha sido proscrita y sus profesionales ninguneados con toda suerte de artificios sutiles y no tan sutiles. 

Como dice el proverbio “la verdad es poderosa y prevalece”, la verdad de la astrología terminará imponiéndose.

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